Aparcar la bici dejando paso a peatones y sillas de ruedas

Ilustración de un paisaje

Cuando llegamos a nuestro destino, lo normal es pensar en dónde dejar la bici y en nada más. Pero una bici puede ocupar más sitio del que parece, sobre todo si tiene cesta, alforjas o un remolque. Una persona en silla de ruedas, alguien con un carrito de bebé o quien camina con bastón puede encontrar de repente su camino cerrado. Con un pequeño gesto de atención, se evita muy fácilmente.

Pensar en quien pasa después

Antes de dejar la bici, mira el espacio a tu alrededor. Comprueba que queda un pasillo libre y amplio, sin manillares ni pedales que sobresalgan. Piensa en cómo pasaría alguien con un carrito, una silla o un bastón. Si el sitio es estrecho, busca otro un poco más adelante. Unos pasos más de camino no cuestan nada, y a cambio ayudas a quien no puede sortear obstáculos con facilidad.

Fíjate también en los lugares por los que la gente entra y sale, como puertas, rampas, cruces y paradas. Esos puntos deben quedar despejados. Si hay lugares pensados para dejar bicis, úsalos. Y si no los hay, elige un sitio junto a una pared o un borde en el que la bici no invada el paso. Las bicis de carga o con remolque necesitan aún más espacio, así que conviene tenerlo presente.

Coloca la bici de forma estable, para que no se caiga sobre nadie ni se desplace con el viento. Gira el manillar hacia dentro si eso ayuda a reducir el espacio ocupado, y no la dejes atravesada. Una bici caída puede ser un obstáculo inesperado, sobre todo para personas que no ven bien. Un momento de atención al aparcar evita problemas a quienes vengan después.

Enseña a los niños a hacerlo desde pequeños. Explícales que su bici también forma parte del espacio de todos y que dejarla bien colocada es un gesto de amabilidad. Sigue las normas que se aplican donde vas en bici, y comprueba de vez en cuando si has dejado sitio suficiente. Aparcar con cuidado es una forma sencilla de decir que piensas en los demás, y es algo que la gente agradece.