Muchos caminos, parques y paseos junto al río son compartidos por ciclistas y corredores. Cada uno disfruta a su manera, con su ritmo y con sus pensamientos. Quien corre suele ir concentrado en su respiración, en el paso o en la música. Quien va en bici, en cambio, avanza más rápido y casi sin hacer ruido. Por eso conviene que quien va sobre ruedas ponga un poco más de atención y cortesía.
Ritmo, aviso y espacio
Reduce la velocidad cuando veas a alguien corriendo, sobre todo si vas por detrás. No hace falta parar del todo, pero sí ir a un ritmo que te permita reaccionar sin sobresaltos. Los corredores pueden cambiar de dirección, esquivar un charco, girar la cabeza o detenerse para atarse un zapato. Mantén una distancia prudente hasta que estés seguro de lo que va a hacer la otra persona.
Avisa con suavidad y con tiempo. Un saludo amable, como buenos días, paso por detrás, funciona mucho mejor que un timbrazo repentino. Muchas personas corren con auriculares y no oyen a nadie, así que conviene darles un margen y no dar por hecho que te han oído. Espera a que te hagan un gesto o a que se aparten un poco, y pasa despacio y con calma.
Ten en cuenta que a veces los corredores van en grupo o con un perro, y ocupan más espacio de lo que parece. Si no ves hueco para pasar, espera unos instantes, o incluso bájate de la bici y camina un rato a su lado. No pasa nada por ir más despacio, y ganarás en tranquilidad. Un gesto de agradecimiento al pasar, con la mano o con una sonrisa, siempre es bien recibido.
También quien corre puede ayudar, mirando de vez en cuando hacia atrás y manteniendo una línea estable. Comparte estas ideas con los niños, y enséñales a mirar a ambos lados y a ser amables con todos. Sigue las normas que se aplican donde vas en bici, y recuerda que un camino compartido es un camino de todos. Si cada uno pone un poco de su parte, la convivencia resulta muy agradable.