Casi todos hemos salido alguna vez con el tiempo justo y hemos acabado pedaleando más rápido de lo que nos gustaría. Con prisa, uno mira menos, se adelanta antes de tiempo y toma atajos que en calma no tomaría. No es cuestión de mala intención, sino de cómo nos afecta el reloj. Por suerte, hay una solución sencilla y bastante agradable: salir un poco antes.
Un margen a tu favor
Empieza por preparar lo que puedas la noche anterior. Deja lista la mochila, revisa que la bici esté en orden y decide qué ropa vas a ponerte. Cuando por la mañana no tienes que buscar nada, ganas un rato sin darte cuenta. Piensa también en el camino: si sabes por dónde ir y cuál es el tramo más complicado, no tendrás que improvisar sobre la marcha.
Calcula el tiempo con un pequeño margen. Es mejor llegar con un rato de sobra y usarlo para respirar, mirar el paisaje o tomar un café, que llegar corriendo y con el corazón acelerado. Ese margen es también un seguro contra imprevistos, como un semáforo largo, una obra o un cruce lleno de gente. Si sabes que cuentas con tiempo, puedes reaccionar con calma y con buen humor.
Si aun así vas justo de hora, acepta que puedes llegar un poco tarde. Es mejor avisar de que te retrasas que acelerar en una calle llena de gente. Respira, reduce el ritmo y recuerda que nadie te va a exigir que pongas en riesgo tu tranquilidad. Muchas veces el ahorro de tiempo que consigues yendo deprisa es mucho menor de lo que parece, mientras que la tensión que acumulas es muy real.
Si vas con niños, ayúdales a organizarse antes para que la salida sea relajada. Hacer del comienzo del día un momento sin prisas cambia todo el trayecto. Sigue las normas que se aplican donde vas en bici, y disfruta de la sensación de llegar tranquilo. Con el tiempo, salir con margen se convierte en una costumbre agradable que hace que cada día empiece mejor.